
![]() |
Diecinueve siglos después de la llegada al trono de Roma del primer emperador español, nace en Sevilla la Asociación de Amigos de Itálica, en un reconocimiento simbólico a la cuna italicense y bética de Trajano. Qué mejor pretexto histórico para reunir en Sevilla aquel 19 de septiembre de 1998 a un nutrido y entusiasta grupo de profesionales -profesores, arqueólogos, abogados, escritores, economistas, arquitectos, etc.- en pos de una noble causa: la de promover un foro que diese cabida a quienes, unidos por el común espíritu de la admiración, la evocación y el respeto por el mundo clásico, con el fin de potenciar el conjunto arqueológico de Itálica y difundir sus valores.
La Asociación de Amigos de Itálica nace, por tanto, de la necesidad de establecer un compromiso con nuestra historia y nuestro patrimonio. Al mismo tiempo, se brinda a las distintas administraciones públicas como un instrumento de apoyo y de colaboración en el objetivo común de proteger, gestionar, promover y divulgar todas aquellas actuaciones que redunden en beneficio del conjunto arqueológico; ofreciendo, además, a las organizaciones de carácter privado la posibilidad de ejercer una de las acciones más vanguardistas y efectivas de comunicación institucional, el patrocinio.
![]() |
«Y Escipión, después de dejarles un ejercito pequeño adecuado a un asentamiento pacífico, estableció a los soldados heridos en una ciudad que llamó ITÁLICA, tomando el nombre de Italia.»
Con estas palabras, Apiano, historiador del siglo II después de Cristo relata cómo se produjo la fundación de la ciudad de Itálica, la más temprana realizada por los romanos en la península ibérica y un hito que señala el comienzo de la romanización. La ciudad se convierte en la avanzadilla de un proyecto administrativo y cultural unificador del mundo mediterráneo, que heredan siglos más tarde la Europa de Carlomagno, el Sacro Imperio del emperador Carlos o la contemporánea Unión Europea.
El constituir el primer enclave genuinamente romano fuera de Italia no es tan sólo lo que otorga a la ciudad de Itálica un carácter excepcional, sino el haber sido cuna de los dos hombres más poderosos de la historia antigua occidental. Trajano, el más universal de nuestros antepasados cuya autoridad era reconocida por todo el orbe conocido, y Adriano, símbolo de la fusión definitiva en la cultura clásica del espíritu helénico y el latino, convierten a Itálica en una ciudad comparable a las grandes urbes del oriente helenístico, por la envergadura de sus monumentos públicos, el lujo de sus viviendas y el trazado urbano de amplias calles de aceras porticadas, asombro de visitantes.